Donkey Konga se jugaba con un periférico especial de bongós, golpeando y aplaudiendo al ritmo de una selección de canciones que iba de clásicos de Nintendo a temas pop, en un juego de ritmo pensado tanto para jugar solo como en grupo.
El controlador de bongós se convirtió en uno de los periféricos más reconocibles de GameCube, y el juego mismo funcionó como una manera inesperada de acercar el género de ritmo, dominado por Konami con Dance Dance Revolution, al catálogo de Nintendo.
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