Mutsu to Nohohon puso al jugador a cuidar de un mutsu -a elección, un conejo de nieve, un oso, un hámster o un pingüino- que nada por su propio territorio, con doce niveles organizados según los meses del año y una propuesta pausada, muy alejada de la acción o la competencia.
Es una de las tantas rarezas contemplativas exclusivas de Japón que nunca buscaron trascender su mercado local, pensada para un público que disfrutaba de experiencias tranquilas antes que de desafíos exigentes.
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