Track Attack lleva el espíritu de las pistas naranjas de Hot Wheels a la pantalla: circuitos con loopings, rampas y saltos imposibles para un auto real, resueltos con una física arcade exagerada que celebra justamente esa fantasía de juguete. Es fiel a lo que la marca representa desde los años 60: velocidad sin pretensión de realismo, pensada para un público que creció armando esas mismas pistas de plástico en el living de su casa.
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