Taito destiló la felicidad en cartucho: dos dragones atrapan enemigos en burbujas a lo largo de cien niveles llenos de secretos, con final verdadero reservado para quienes cooperan. Su melodía es un himno y su diseño, relojería suiza. Pocos juegos han envejecido con esta gracia. Imprescindible absoluto, mejor de a dos.
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