Edición japonesa del periplo semanal de Garfield: siete días de plataformas endiabladas tras el rastro de Odie, con enemigos absurdos y saltos milimétricos. El contraste entre la pereza del personaje y la exigencia del diseño es su encanto involuntario. Cápsula ochentera de la fiebre por licencias occidentales en Japón, cuando hasta un gato de tira cómica merecía cartucho.

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