Hack del circuito paralelo que envía a Mario a una aventura de fantasía ajena a todo canon: sprites injertados sobre un motor ajeno y bautizo comercial de mercadillo. La fórmula pirata por excelencia: el rostro más vendedor del planeta pegado a cualquier cuerpo disponible. Folclore famiclón que hoy se estudia con sonrisa y lupa.

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