Sigue la fórmula habitual de los compilados de casino de la época: varias mesas y máquinas reunidas en un solo paquete, pensadas para simular una noche de apuestas sin dinero real de por medio. La presentación aprovecha los gráficos y el sonido del PC Engine para dar un aire más vistoso a juegos de reglas centenarias.
No hay demasiada innovación que destacar más allá de la variedad de la oferta; cumple su función como alternativa pausada dentro de un catálogo dominado por la acción.

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