AFL Challenge lleva el fútbol australiano —ese híbrido veloz de marcas aéreas, pelota ovalada y cancha gigante— a la portátil, con equipos y jugadores con licencia de la liga real. La propuesta es la esperable de un simulador deportivo de su época: partidos completos, estadísticas y el ritmo particular de un deporte que en el resto del mundo apenas se conoce.
Su público natural siempre fue Australia, donde el deporte es religión de fin de semana. Fuera de esas fronteras funciona como rareza deportiva: una manera de asomarse a una disciplina que casi ningún otro videojuego se molesta en representar.
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