El port imposible: Doom corriendo en SNES gracias al chip Super FX 2 y a la terquedad genial del programador Randy Linden, que construyó su propio motor desde cero. Recortado, borroso y heroico a partes iguales. Como juego hay versiones mejores; como hazaña técnica, pocas cosas en la consola lo igualan.
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