El apellido 1K es una declaración de principios: todo este juego vive en un kilobyte, menos memoria de la que ocupa este párrafo. La escena atariana siempre amó estos ejercicios de ascetismo, donde cada byte se negocia y cada instrucción tiene que ganarse el lugar.
Belljumper propone saltos y timing en su expresión más destilada. Como pieza de colección, es un recordatorio hermoso: la creatividad no se mide en megas, y a veces un kilobyte bien usado vale más que un disco entero.
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