Changing Hearts sugiere desde el título su mecánica de intercambios: piezas —corazones, con suerte— que rotan, se permutan y piden orden. El catálogo casero de Atari está lleno de estos ingenios de sobremesa.
Sin papeles que certifiquen autoría ni año, va fichado con la sobriedad del caso y un guiño: pocos géneros tan honestos como el puzzle, donde nadie te rompe el corazón salvo vos mismo.
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