Del brazo informático de Avalon Hill a mediados de los 80, Maxwell Manor manda a recorrer una mansión que no quiere visitas: pasillos vigilados, patios traicioneros y una calavera —la Skull of Doom— como trofeo mayor.
Es terror de matiné con mecánica de arcade: moverse rápido, mirar dos veces y no encariñarse con ninguna habitación. La casa siempre juega de local.
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