Queboid suena a experimento: la raíz recuerda inevitablemente a cierto personaje naranja saltando por pirámides de cubos, y el sufijo -oid le pone bata de científico. El género de la geometría saltarina fue cantera inagotable de variantes en las computadoras europeas.
Los archivos no conservan biografía firme de esta pieza, y la ficha no salta a conclusiones. Queda el tablero imaginario armado: cubos, gravedad traviesa y el ritmo hipnótico del brinco bien encadenado.
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