Robert in the Fire Factory presenta a su héroe con nombre de compañero de clase y lo mete en el escenario menos recomendable: una fábrica donde el fuego es parte del mobiliario. El arcade europeo amaba estas fábricas imposibles, llenas de cintas, válvulas y saltos milimétricos.
La documentación de esta pieza es escasa, así que la ficha no aviva llamas inventadas. Queda Robert, su fábrica ardiente y la promesa implícita de que alguien apagará todo esto a fuerza de saltos bien medidos.
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