Silvester llaman los alemanes a la noche de fin de año, y esta aventura doméstica lleva la fiesta en el título con ortografía juguetona. El archivo no conserva créditos de la celebración.
Se presume la liturgia: preparativos, invitados y esa misión universal de llegar entero a las doce. La escena germana convertía cualquier costumbre en software; el brindis no iba a ser excepción.
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