Vroom, el fórmula uno de Lankhor, se ganó fama por su velocidad de vértigo y su control fino; este datadisk alimenta la bestia con trazados adicionales para quienes ya habían gastado los originales.
El disco de datos era el segundo aire de los favoritos: mismo motor, horizontes nuevos. Se enchufa, se acelera y el monoplaza francés vuelve a silbar.
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