Mission - Impossible llevó a la Game Boy el universo de la saga de espionaje, con misiones centradas en la infiltración sigilosa y la resolución de objetivos antes que en la acción directa, en sintonía con el tono táctico que distingue a la franquicia desde su origen televisivo.
Es una adaptación coherente con el espíritu de la serie: recompensa la planificación y el movimiento cuidadoso por encima de la confrontación, algo poco común dentro del catálogo de acción más directo de la consola.

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