Dead'n'Furious pone al jugador a recorrer escenarios infestados de muertos vivos sin control directo sobre el movimiento: la cámara avanza sola y el trabajo del jugador es apuntar con el stylus, disparar rápido y recargar antes de que la horda cierre el paso, en la tradición del rail shooter arcade trasladada a las dos pantallas.
Es un ejercicio directo de tensión y reflejos, sin pretensiones narrativas más allá de la excusa zombi, pensado para partidas cortas e intensas más que para una campaña con peso propio.

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