Basado en el éxito de PC del mismo nombre, el juego combina el clásico mecanismo de combinar tres o más piezas iguales con un sistema de recompensas que se invierte en decorar peceras cada vez más elaboradas, alternando la resolución de acertijos con la satisfacción de personalizar un espacio propio. Es un ejemplo claro de cómo el género match-3, arrasador en el mercado casual de PC de fines de los 2000, encontró en la DS una plataforma natural para expandirse a un público que jugaba entre tareas.

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