Cada minijuego de Rhythm Heaven presenta una premisa disparatada -desde peinar monos hasta cantar en un coro robótico- que se resuelve pulsando en el momento justo al compás de la música, con una dificultad que exige oído fino antes que reflejos veloces.
Es uno de los juegos de ritmo más queridos y originales de toda la DS, celebrado por su sentido del humor y su diseño de sonido impecable. Sigue siendo una recomendación obligada para cualquiera que disfrute los juegos musicales, más allá de la simpleza de sus controles.
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