Bomberman nació en 1983 como un juego de laberinto que Hudson Soft lanzó para las computadoras japonesas de la época —NEC PC-8801, Sharp X1, FM-7 y MSX, entre otras— antes de convertirse, ya en 1985 con su salto a Famicom, en la base de una de las franquicias más longevas del videojuego japonés. La premisa original era simple: un robot minero atrapado bajo tierra debe abrirse camino colocando bombas para destruir muros y enemigos, con la esperanza de llegar a la superficie y volverse humano.
Esta primera versión, mucho más austera que las entregas multijugador que popularizarían después el nombre, es la semilla de todo lo que vino: el mismo gesto de colocar una bomba y correr antes de que explote sigue siendo, cuarenta años después, el corazón de la serie.

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