Puzzle de Hudson donde se controla a una pareja de pingüinos, cada uno con su propio joystick o de forma alternada, que deben abrirse camino por un laberinto de escaleras hasta encontrarse en el medio, dejando huellas que sirven de guía pero también de obstáculo. La mecánica de cooperación y memoria espacial lo distingue de otros laberintos de la época. Encantador en su simpleza, es uno de esos puzzles japoneses que envejecieron mejor de lo esperado.
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