Obra de culto de Love-de-Lic y Yoshiro Kimura que subvirtió las convenciones del rol japonés: el héroe de un RPG genérico masacra monstruos sin sentido y el jugador, encarnando a un chico atrapado dentro del juego, debe redimir esas almas. Su crítica lúcida al género la volvió una rareza reverenciada décadas después.
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