Freestyle Metal X llevó el motocross al terreno del freestyle, con rampas gigantes, combos aéreos y trucos cada vez más arriesgados como eje del sistema de puntuación, en la estela de franquicias como MTX Mototrax o Motocross Mania. Formó parte de la ola de deportes extremos que dominó buena parte del catálogo deportivo de PS2 a mediados de los 2000.
Sin destacarse especialmente dentro de un género ya saturado de propuestas similares, cumplió su función como una alternativa más para los fanáticos de las dos ruedas y los saltos imposibles.
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