Kick Off llevó a la placa arcade la fórmula que ya había hecho historia en las computadoras de 8 y 16 bits: un fútbol de vista superior con física de pelota realista y un control que premiaba la habilidad por sobre los botones de disparo automático, una rareza para su época.
Su versión de salón permitió que el público que solo conocía el arcade probara esa fórmula tan celebrada en el ámbito casero, y hoy se la recuerda como puente entre dos culturas de videojuego que en los 80 solían ir por caminos separados.

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