El Boulder Dash original de 1984 fue semilla de una tradición interminable en las Atari de 8 bits: sets de cuevas nuevos, numerados con disciplina, que circulaban de mano en mano. Este volumen 8 es parte de esa cosecha comunitaria.
Las reglas son ley: cavar, juntar diamantes, no quedar bajo la piedra. Lo que cambia es la malicia de cada arquitecto anónimo. Y en el número ocho, malicia sobra.
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