G-LOC: Air Battle retoma el concepto de vuelo automático que After Burner había popularizado —misiles en persecución constante, oleadas de cazas enemigos, una sensación de velocidad extrema lograda con sprites escalados— y lo lleva un paso más allá con los cabinets R360, que giraban al jugador en rotación completa siguiendo las maniobras del avión, la culminación física de la obsesión de Sega por gabinetes inmersivos de esa época. El nombre hace referencia al 'G-LOC' real, la pérdida de consciencia por exceso de fuerza gravitacional que sufren los pilotos de combate.
Es una de las cumbres técnicas y de espectáculo del arcade de carreras aéreas de comienzos de los noventa, y junto a Galaxy Force II representa el límite máximo al que Sega llevó la tecnología Super Scaler antes del salto definitivo a los polígonos 3D con Virtua Racing.

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