GP Rider traslada a la moto la fórmula de carreras arcade que Sega venía puliendo desde Out Run: el jugador se inclina físicamente sobre el cabinet para tomar las curvas, en gabinetes que en sus versiones más elaboradas replicaban el movimiento de una moto real, mientras compite contra el tiempo y otros corredores en circuitos de estilo Gran Premio.
Es una pieza representativa de la obsesión de Sega por los cabinets inmersivos de fines de los ochenta y comienzos de los noventa, en la misma familia de ideas que After Burner o R360, pensados para convertir cada partida en una atracción física tanto como en un desafío de reflejos.

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