Nemo sigue al pequeño protagonista de la película de Katsuhiro Otomo y Ray Bradbury en un recorrido por un mundo de fantasía onírica, montando distintas criaturas y sorteando peligros propios de un país de las maravillas infantil. La licencia de la película le aporta una dirección de arte particularmente cuidada, muy en línea con el estilo visual de Capcom de esos años.
Es una pieza menos citada dentro del catálogo de acción y plataformas de Capcom, pero valorada por su ambientación onírica poco habitual y por la fidelidad con la que traduce el tono de la película al lenguaje del arcade.
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