Que una serie de cuevas hechas por fans llegue al número 28 dice todo sobre la devoción que Boulder Dash despertó en la escena de las Atari de 8 bits, con Polonia y Alemania como canteras inagotables de niveles nuevos para el clásico de excavar y esquivar.
Como su hermana número 12, es obra de comunidad y no producto oficial: la aclaración de rigor. Lo demás es liturgia conocida: planificar la ruta, soltar la piedra justa y salir corriendo antes de que la avalancha firme el certificado de defunción.
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