Breakanoid no esconde su árbol genealógico: mitad Breakout, mitad Arkanoid, el título funciona como acta de nacimiento del subgénero entero. Tras el furor de la recreativa de Taito en 1986, las computadoras europeas se llenaron de variantes caseras del derribo de ladrillos, muchas de dominio público, cada una con sus cápsulas y niveles de autor.
De esta versión el catálogo no guarda créditos firmes, pero se juega solo con nombrarlo: paleta abajo, pelota rebotando, muro que cede ladrillo a ladrillo. Un ejercicio de estilo dentro del género más practicado por los programadores aficionados de la era.
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