El archivo conserva a Kayos sin créditos ni fecha, apenas con esa K inicial tan de época: bautizar el caos con ortografía rebelde ya era media declaración de intenciones.
Lo que promete el nombre es lo que el género mejor despachaba: pantalla poblada, amenazas cruzadas y orden restaurado a fuerza de reflejos. El caos, después de todo, siempre fue buen argumento.
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