Paintz sugiere el viejo arte de los juegos de pintar territorio: cubrir superficies mientras algo intenta impedirlo, la escuela que va de los pintores de salón a los Qix de la vida.
Sin créditos firmes en el catálogo, la ficha moja la brocha en lo seguro: porcentajes, esquivas y la satisfacción absurda de completar el rincón más difícil. La Z del título es puro estilo.
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