Pie-Man promete pastelería agresiva: tartas como proyectil o como tesoro, en la tradición del arcade cómico que convirtió la comida en munición desde los tiempos del pastelazo de cine mudo.
Sin documentación firme, la ficha hornea lo seguro: un protagonista harinoso, enemigos golosos y la dignidad siempre en riesgo. Con merengue, todo es mejor.
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