Snacman lleva el arte del clon de Pac-Man a su punto más honesto: hasta el nombre confiesa que acá se viene a picar algo. Laberinto, bolitas, fantasmas de ronda y la píldora mágica que invierte la cadena alimenticia por unos segundos gloriosos.
Estos comecocos alternativos poblaron los catálogos caseros con dignidad de oficio: cada programador quería demostrar que podía cocinar el clásico con su propia sazón. Bon appétit, que los fantasmas no esperan.
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