The Guild of Thieves (Magnetic Scrolls, 1987) plantea el examen de admisión más divertido del género: para entrar al gremio de ladrones de Kerovnia hay que vaciar un castillo isleño entero, con prosa exquisita, acertijos de orfebrería y treinta ilustraciones que eran puro lujo de época. La caja traía hasta el boletín del gremio y dados de contrabando.
Ganó premios, enamoró a la crítica y confirmó a la casa británica como aristocracia de la aventura conversacional. Guantes puestos y modales finos: acá se roba con estilo o no se roba.
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