Car-Race es, otra vez, uno de esos nombres que describen literalmente la propuesta: una carrera de autos reducida a su forma más elemental, con la perspectiva y las limitaciones técnicas propias de las primeras computadoras domésticas japonesas. Ese minimalismo no es un defecto sino una marca de época: antes de que el género de las carreras incorporara circuitos, licencias y física compleja, todo se resolvía con un camino que se movía y un auto que había que mantener sobre él.
Vale como pieza arqueológica del género: un testimonio de cómo se jugaba "a las carreras" cuando la palabra simulación todavía no formaba parte del vocabulario del videojuego.
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