Clásico de Taito con un ninja capaz de saltos verticales exagerados, que recorre un castillo de varias pantallas de altura repartiendo tajos y shurikens contra samuráis y otros ninjas rivales, en busca de rescatar a una princesa cautiva. Su escala vertical, poco habitual para la época, generaba una sensación de vértigo particular en las salas arcade. Sigue siendo recordado con cariño por lo directo y satisfactorio de su combate cuerpo a cuerpo.
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