Dokapon Kingdom mezcló la estructura de un juego de mesa por turnos -tirar el dado, avanzar casilleros, comprar propiedades- con el combate y la progresión de un RPG, todo envuelto en un multijugador donde robar al rival, embrujarlo o arruinarle la partida era tan válido como avanzar por el tablero. Sting, el estudio detrás, apostó todo al caos social antes que al balance competitivo.
Su fama de 'rompe-amistades' lo convirtió en un clásico de culto entre grupos de amigos que buscaban algo distinto a los juegos de mesa convencionales, y sigue siendo citado como uno de los multijugador más memorables -y más traicioneros- de la generación PS2.
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