El juego ofrece mesas de Texas Hold'em contra oponentes controlados por la máquina con distintos estilos de juego, capitalizando la explosión de popularidad que el póker vivió en esos años gracias a su cobertura televisiva. La presencia de Howard Lederer como imagen le dio legitimidad ante los aficionados al juego real.
Es un producto funcional para quienes querían practicar estrategia de póker sin apostar dinero real. Su interés hoy es sobre todo nostálgico para los fans del boom del Hold'em de esa década.
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