Bolo fue un breakout de culto de la escena alemana, célebre por su física fina y su terminación prolija. Esta Werkstatt —taller, en alemán— es la pieza de acompañamiento: un entorno para armar y retocar niveles propios.
Los editores de niveles eran la forma más pura de amor al juego base: la comunidad quería más y se lo fabricaba sola. Pieza de museo de esa cultura del hágalo-usted-mismo germana.
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