Balloonier evoca aeronautas, canastos de mimbre y cielos por conquistar, pero el archivo no acompaña: sin créditos, sin año, sin certezas.
Queda el nombre, liviano como corresponde, y la invitación de siempre: elevarse, mirar qué hay y contarlo. La historia del software también se escribe así, un globo perdido a la vez.
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