Flight Simulator II, de subLOGIC, fue la catedral del vuelo casero: la obra de Bruce Artwick que convertía la computadora en avioneta, con instrumental serio y paciencia de aviador. Esta pieza corresponde al escenario del lago Huron, parte del ecosistema de discos de paisaje que expandían el mundo volable.
Los discos de escenografía eran el gran ritual del simulador: mismo avión, geografía nueva. Para el piloto virtual de las computadoras Atari, cada lago y cada pista extra eran un viaje.
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