Go lleva milenios siendo el abismo estratégico por excelencia: piedras blancas y negras, territorio que se dibuja de a poco y una profundidad que las computadoras tardaron décadas en domar. Esta versión para computadoras Atari acerca ese tablero al monitor hogareño.
En los ochenta, programar un rival de Go decente era un desafío técnico serio, y cada intento merece respeto de museo. Para el curioso, una puerta de entrada al juego que humilló a la informática hasta ayer nomás.
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