Omar Sharif no era solo Doctor Zhivago: en las mesas de bridge del mundo se lo respetaba como jugador de elite, y Oxford Softworks capitalizó ese doble prestigio en 1992 con este programa serio, de subastas ortodoxas y carteo fino.
Para el aficionado, un maestro incansable; para el curioso, la puerta de entrada a un juego que es medio deporte, medio idioma. El nombre en la caja, esta vez, no era decorado.
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