Pocas palabras eran más prestigiosas en la época que parallax: capas de fondo que se mueven a velocidades distintas y regalan profundidad a la pantalla plana. Bautizar así un programa era colgarse la medalla en el nombre. El archivo, austero, no conserva créditos de esta entrada.
Queda la promesa implícita: espacio, desplazamiento y ese vértigo suave de los fondos que se despegan. Técnica convertida en poética.
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