Oxford Softworks, la casa británica de los juegos de mesa serios, se animó al desafío mayor: el go, milenario, elegante y notoriamente esquivo para el silicio de la época. Esta edición europea atendía en varios idiomas.
Territorio, influencia y paciencia oriental en el tablero de 19 líneas: el programa hacía lo que podía —más que la mayoría— y el aficionado agradecía tener rival a domicilio.
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