Crossbow (Exidy, 1983) invirtió la lógica del shooter de puntería: no disparás a los protagonistas sino para protegerlos, limpiando el camino de buitres, escorpiones y piedras que caen mientras la caravana cruza cada pantalla. La leyenda de Guillermo Tell como marco, y la ballesta como oficio.
Del salón arcade saltó a los sistemas hogareños de Atari a fines de los ochenta. Sigue siendo una idea brillante: el francotirador como ángel guardián.
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