Druid (Firebird, 1986) puso al jugador en las sandalias de Hasrinaxx, druida solitario contra las hordas del príncipe demonio Acamantor: cuatro niveles de no-muertos, elementos como munición y la joya de la casa, un gólem invocable que puede controlar un segundo jugador.
Más lúgubre y táctico que Gauntlet, su pariente evidente, se ganó culto propio en los micros. En las Atari de 8 bits luce esa oscuridad británica que envejece con dignidad.
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