Graeme Souness, mediocampista de hierro y luego entrenador, le puso cara a este manager de fútbol británico de comienzos de los noventa (con errata en el título de esta edición, detalle que los coleccionistas atesoran). La propuesta es la clásica del género: planilla, fichajes, alineaciones y la eterna angustia del resultado ajeno.
Los managers eran el gran deporte silencioso de las computadoras europeas: cero reflejos, puro criterio. Ideal para quienes siempre supieron que el problema del equipo era el entrenador, hasta que les tocó serlo.
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